Odisea de mil y una noches
La Odisea es el canto a la perseverancia e inteligencia humanas. Éste maravilloso poema, quizás de lectura más rápida y fácil que la Ilíada, refleja la vuelta de Odiseo, rey de Ítaca, a su tierra natal.
Contrariamente a lo que se afirma, este poema no es una epopeya, sino una crónica de viaje. Hay notorias similitudes con el cuento de las Mil y una Noches, Simbad el Marino.
En la Odisea notamos la interacción entre rey y clase baja, es decir, entre Odiseo y sus compañeros, cosa que no sucedía en la Ilíada. Podríamos inferir siguiendo una línea histórica que quizás en la época de difusión de la odisea se hayan regulado las relaciones entre la aristocracia y la plebe.
La virtud de Odiseo es su inteligencia; esto quedará demostrado en torno a los 24 cantos de la obra, que, para no perder la costumbre, seguirán un orden anacrónico.
Un marcado racionalismo que lo llevará incluso a subestimar a un dios, Poseidón, quien determinará obstarle el camino de regreso a su patria.
¿Por qué este libro?
Me remito a un episodio proveniente de mi adolescencia: recuerdo que estábamos mi familia y yo en Santa Teresita, hospedados en un hotel cuyo nombre no recuerdo, y debido al tormentoso día que nos había tocado en aquel febrero, decidimos quedarnos en nuestra habitación mirando la tele. Mi mamá y mi hermana, ante la ausencia de programas entretenidos, salieron a caminar por el centro; mi padre y yo nos quedamos buscando alguna película que despertara nuestro interés. De pronto, enganchamos la película Ulysses con la protagonización de Kirk Douglas en el famoso (por aquel entonces, no tanto para mí) enfrentamiento con Polifemo, el cíclope, hijo de Poseidón.
La situación era fantástica, paso a relatarla: el cíclope llega a su antro topándose con Ulises y sus compañeros; inmediatamente, sin percibirlos, cierra la entrada de la gruta con una gran roca. Ulises exhorta al cíclope para que cumpla con las divinas reglas del hospedaje, advirtiendo al cíclope del castigo del gran Zeus. Polifemo entiende una amenaza por parte de esos pigmeos y decide devorarlos de a dos por un período que el mismo fija.
Ahí la situación se torna sumamente interesante, uno no puede dejar de preguntarse ¿Cómo saldrá de esto? Lamentablemente, la película constaba de episodios, por lo que no logramos saber el desenlace de esa penosa situación…Me invadió la bronca, blasfeme a la televisión, y tomé la resolución de salir a caminar por el centro, donde encontré a mi madre y, contándole lo sucedido, me recomendó la lectura de la Odisea.
En ese entonces, los libros eran muy económicos, sobre todo los clásicos, por lo que no me costó mucho…Pensaba que por tratarse de obras de tiempos pretéritos y que revestían una relevancia no menor en la historia de la literatura, debía contar con un dinero del que carecía, pero, para mi sorpresa, la conseguí y la devoré con avidez desde el principio al fin…Da capo tutto como se dice en la ópera.
Tener la oportunidad de contar con esa magna obra me llena de orgullo ya que denota sentimientos humanos de una manera prolífica. Los personajes no son meros arquetipos literarios, sino que realmente humanos.
Penélope, la esposa de Odiseo, es la corporización de la fidelidad, la bondad y la esperanza. Asediada por codiciosos pretendientes derrochadores de sus bienes, la fiel esposa mantiene la esperanza de la llegada del héroe, no sólo para salvarla sino también para estar cerca de su amado.
Los banquetes y las hecatombes, tan bien plasmadas y descriptas, realzan la importancia casi ritualista del pueblo griego.
La presencia de los conjuros y las brujas agregan un tinte fantástico al poema.
Si alguna vez me preguntaran cuál es el deleite de esta obra, agregaría: esta magnífica, remota, e inmortal obra permite, mediante sus bellos cantos, al lector viajar junto con los personajes y vivir sus aventuras. Visitar regiones inhóspitas, enfrentarse con mil y un obstáculos y superarlos, porque eso constituye el sentido de la vida: poder enfrentarnos a los escollos que nos ofrece la obra y salir airosos, no desistir de nuestros propósitos, sino más bien llevarlos a cabo.
Claudio Cuellar
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