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domingo, 28 de febrero de 2010

Algunas aclaraciones para una verdadera conciencia ambiental



Seguramente coincidimos con la idea de que en la superficie de nuestro océano interior podríamos ubicar, entre otras cosas, las percepciones. Muy pocos querríamos permanecer en el brillo mágico superficial donde confluyen la acción de la luz y la oscuridad de la profundidad de un océano de posibilidades.

Sin parecer esnob o excéntrica con respecto al tema medioambiental, el juicio obliga a realizar aclaraciones o a abordar algunos rincones del océano.

Es harto popular, hoy por hoy, escuchar la palabra ecología aquí y allí; y hasta con cierto descuido de su significado en desmedro de la potencialidad energética, que guarda todo lo que contiene en sus formas variadas un granito de arena y hasta la expresión en sí misma. Tratando de superar el impacto producido por una palabra ya desgastada, cuando aún resta un largo camino para tomar acciones, creo que tenemos edad e intelecto suficiente para comprender ciertas diferencias. En el rumbo del cuidado del medio ambiente debimos haber estado desde siempre, mas ahora estaremos en él sin retorno y, lo que se vuelve amenazante, sin conciencia del significado de ciertas palabras. Sin retorno se traduce en enfermedad declarada y la palabra subyacente en cuestión es ecología.

Repasemos algunos hechos diarios. La publicidad comete excesos en el lenguaje tales como hacer declarar en nombre de otro…somos una empresa ecológica o fabricamos productos ecológicos. También participamos a diario en diálogos que contienen esta palabra y hasta se encuentran algunos que dicen de sí mismos ser ecológicos. Nada más claro que este aporte exitoso a la confusión ya sea utilizado como sustantivo o adjetivo.

Sin pedanterías, estrictamente la ecología es una rama de la biología que estudia la relación de los seres vivos entre sí y con su entorno o medio en el que habitan (hábitat). Más técnicamente la palabra está compuesta por eco y logía. Eco proviene del griego oiko que significa casa, morada, ámbito; y logía proviene también del griego λογία que significa estudio, ciencia.

Dicho esto, es menester analizar que la ecología es el estudio de la arquitectura y funcionamiento de los ecosistemas y que en sí misma no se expide sobre las acciones o dictamina o emite juicio con relación a qué está bien o mal sino que aporta el conocimiento para la toma de decisiones. Debo detenerme en este párrafo ya que este umbral de conocimiento marca el comienzo de la posibilidad de adquirir conciencia ambiental y con ella la valoración del medio ambiente. Estamos ahora en condiciones de decir que medio ambiente es el conjunto de circunstancias exteriores a un ser vivo (Real Academia Española). Digamos entonces, que para la toma de decisiones sobre el medio ambiente, no solo debe valerse de la ecología sino que también debe hacerlo de otras ciencias que abordan la complejidad del afuera.

Estas definiciones y conocimientos parecen estar lejos de las consideraciones que las entidades y la población en general, asumen conocer para perpetuar desde una academia imaginaria del uso indiscrimando y ambiguo de ambas palabras.

Luego, concluyo que la batalla diaria está en mostrar que las acciones que debemos tomar en ese camino de no retorno deben estar dirigidas a que los seres vivos continúen manteniéndose vivos, trabajando o accionando sobre el entorno de ellos y no “sobre” ellos.

El interés por el medio ambiente no debería agotarse en un manifiesto acuerdo, implícito en una publicación, de mantener un estado de "cosas" alejadas de cierto caos expectante y subjetivo sino en tratar enérgicamente y con entidad de mantener bajo control los efectos provocados por las causas, conocer cómo mitigar esos efectos y saber de qué causas estamos dispuestos a prescindir.

Nos queda pensar cómo cuidar el medio ambiente usando los conocimientos que nos brinda la ecología y otras ciencias que abordan esta complejidad. Comencemos pensando con simpleza en lo que está a nuestro alcance. Solo con esta pequeñez ya estamos formando parte del paquete de energía que contiene el granito de arena.

Yolanda Loza

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