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Encontrarás entrevistas, artículos de opinión, cuentos, poemas y recomendaciones de libros y películas que escribimos en nuestro taller. Es nuestro deseo que en estás páginas pueda haber para vos una influencia positiva y que algo de lo que leas aquí alcance a iluminarte para que te des cuenta de que los sueños pueden hacerse realidad.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Los super héroes también lloran

Si Ud. pensó que solo los humanos tenían emociones negativas tales como miedo, angustia, baja autoestima y otras… bueno, tenemos una buena noticia para Ud.: estos inconvenientes no son privativos de los humanos. Así es, luego de una investigación exhaustiva hemos concluido en que metahumanos, homo superiores, enmascarados, vigilantes o aventureros de todo tipo (superhéroes para los neófitos) también sufren de estos males. A continuación tomaremos algunos casos para ilustrar esta afirmación, que consideramos serían carne de diván de primera calidad.

Comenzaremos con su amigo y vecino el Hombre Araña, también conocido como Ttrepamuros o Spidey. Su alter ego, Peter Parker, es un tímido estudiante de secundario con la autoestima más baja que un sótano incapaz de hacer frente al más simple desafío escolar… y que sin embargo al calzarse las calzas mallas azules y rojas que tan bien le sientan se transforma en un paladín de la justicia, seguro de sí mismo y de sus poderes arácnidos.

Otro caso interesante es el de Superman, el denominado Hombre de Acero. En este caso el susodicho se oculta bajo la personalidad de un reportero de diario bastante pusilánime, Clark Kent. Con sus anteojos gruesos y su torpeza generalizada, nada hace pensar que debajo de esa prolija camisa con moñito mariposa se oculta un boy scout siempre listo para servir a la humanidad, para lo que guste mandar.

Y no podemos dejar de mencionar a Batman, que si bien no tiene los poderes sobrenaturales de los dos personajes mencionados anteriormente, sí tiene una fortuna que le permite suplir con creces esta debilidad, por llamarla de alguna forma. Tal es así que Bruno Díaz, la verdadera personalidad tras el murciélago enmascarado, es un rico tipo que gracias a sus accesorios mecánicos de amplio espectro puede hasta volar. En efecto, su compañía ha desarrollado el batimóvil, la batilancha, la batimoto y cualquier otro batidispositivo que se le pueda ocurrir al lector y que sea posible de ocultar en su respectiva baticueva. Pero el hombre murciélago tiene un pasado oscuro y traumático con eventos trágicos como la muerte de sus padres de la cuales fue testigo ocular y que lo persigue día y noche sin respiro hasta su lúgubre mansión. Estos hechos lo han vuelto facho, paranoico y obsesivo a tal punto que todas sus pertenencias están debidamente identificadas con el bendito batiprefijo.

Y como últimos ejemplos de esta interminable nómina que puede estirarse en incontables casos de loquitos sueltos no podemos dejar de mencionar al alcohólico Ironman, el iracundo e incontrolable Hulk, el workahólico Capitán America, el hiperactivo Flash, y hasta el ignoto sexópata StarFox, y que no encuentran nada mejor que hacer con su vida que meterse en problemas para ayudar al prójimo sin esperar nada a cambio.

Sin embargo, todos estos superhéroes se transforman en simples tipos tan susceptibles de sufrir complejos de personalidad como cualquier hijo de vecino, y que con un poco de terapia y tal vez algo de medicación podrían solucionarse.

Imagínese Ud. como sería el consultorio de un analista que atienda tales pacientes y los inconvenientes y cuestionamientos adicionales que este trabajo le suscitaría. ¿Los pacientes irían con su personalidad de superhéroe o con la de su alter ego? ¿Aparte de mantener la privacidad de sus pacientes, debería también mantener en secreto su identidad? ¿Se imagina Ud. al Hombre Araña cruzándose en el ascensor del edificio con Batman recién bajado del batimóvil que dejó en el estacionamiento de la esquina? ¿Y que tal si fueran encontrados infraganti por los paparazzi, dónde quedaría su reputación de protectores de la humanidad? ¿Los medicamentos tradicionales harían el mismo efecto en individuos con poderes especiales o habría interacciones indeseables entre ellos, tales como la pérdida permanente de sus superpoderes?

Dejamos estos y otros interrogantes a consideración del lector para que saque sus propias conclusiones, y entienda que a pesar de nuestros angustiantes inconvenientes terrenales, tal vez sea mejor no enfrentarnos con verdaderos superproblemas.

María Celia Costanzo

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