Bienvenido a la revista del taller de escritura creativa de Julio Recloux!!!

Encontrarás entrevistas, artículos de opinión, cuentos, poemas y recomendaciones de libros y películas que escribimos en nuestro taller. Es nuestro deseo que en estás páginas pueda haber para vos una influencia positiva y que algo de lo que leas aquí alcance a iluminarte para que te des cuenta de que los sueños pueden hacerse realidad.

domingo, 28 de febrero de 2010

Algunas aclaraciones para una verdadera conciencia ambiental



Seguramente coincidimos con la idea de que en la superficie de nuestro océano interior podríamos ubicar, entre otras cosas, las percepciones. Muy pocos querríamos permanecer en el brillo mágico superficial donde confluyen la acción de la luz y la oscuridad de la profundidad de un océano de posibilidades.

Sin parecer esnob o excéntrica con respecto al tema medioambiental, el juicio obliga a realizar aclaraciones o a abordar algunos rincones del océano.

Es harto popular, hoy por hoy, escuchar la palabra ecología aquí y allí; y hasta con cierto descuido de su significado en desmedro de la potencialidad energética, que guarda todo lo que contiene en sus formas variadas un granito de arena y hasta la expresión en sí misma. Tratando de superar el impacto producido por una palabra ya desgastada, cuando aún resta un largo camino para tomar acciones, creo que tenemos edad e intelecto suficiente para comprender ciertas diferencias. En el rumbo del cuidado del medio ambiente debimos haber estado desde siempre, mas ahora estaremos en él sin retorno y, lo que se vuelve amenazante, sin conciencia del significado de ciertas palabras. Sin retorno se traduce en enfermedad declarada y la palabra subyacente en cuestión es ecología.

Repasemos algunos hechos diarios. La publicidad comete excesos en el lenguaje tales como hacer declarar en nombre de otro…somos una empresa ecológica o fabricamos productos ecológicos. También participamos a diario en diálogos que contienen esta palabra y hasta se encuentran algunos que dicen de sí mismos ser ecológicos. Nada más claro que este aporte exitoso a la confusión ya sea utilizado como sustantivo o adjetivo.

Sin pedanterías, estrictamente la ecología es una rama de la biología que estudia la relación de los seres vivos entre sí y con su entorno o medio en el que habitan (hábitat). Más técnicamente la palabra está compuesta por eco y logía. Eco proviene del griego oiko que significa casa, morada, ámbito; y logía proviene también del griego λογία que significa estudio, ciencia.

Dicho esto, es menester analizar que la ecología es el estudio de la arquitectura y funcionamiento de los ecosistemas y que en sí misma no se expide sobre las acciones o dictamina o emite juicio con relación a qué está bien o mal sino que aporta el conocimiento para la toma de decisiones. Debo detenerme en este párrafo ya que este umbral de conocimiento marca el comienzo de la posibilidad de adquirir conciencia ambiental y con ella la valoración del medio ambiente. Estamos ahora en condiciones de decir que medio ambiente es el conjunto de circunstancias exteriores a un ser vivo (Real Academia Española). Digamos entonces, que para la toma de decisiones sobre el medio ambiente, no solo debe valerse de la ecología sino que también debe hacerlo de otras ciencias que abordan la complejidad del afuera.

Estas definiciones y conocimientos parecen estar lejos de las consideraciones que las entidades y la población en general, asumen conocer para perpetuar desde una academia imaginaria del uso indiscrimando y ambiguo de ambas palabras.

Luego, concluyo que la batalla diaria está en mostrar que las acciones que debemos tomar en ese camino de no retorno deben estar dirigidas a que los seres vivos continúen manteniéndose vivos, trabajando o accionando sobre el entorno de ellos y no “sobre” ellos.

El interés por el medio ambiente no debería agotarse en un manifiesto acuerdo, implícito en una publicación, de mantener un estado de "cosas" alejadas de cierto caos expectante y subjetivo sino en tratar enérgicamente y con entidad de mantener bajo control los efectos provocados por las causas, conocer cómo mitigar esos efectos y saber de qué causas estamos dispuestos a prescindir.

Nos queda pensar cómo cuidar el medio ambiente usando los conocimientos que nos brinda la ecología y otras ciencias que abordan esta complejidad. Comencemos pensando con simpleza en lo que está a nuestro alcance. Solo con esta pequeñez ya estamos formando parte del paquete de energía que contiene el granito de arena.

Yolanda Loza

viernes, 26 de febrero de 2010

Sin título

Un estruendo en el suelo sacudio mi cuarto.
Mire el libro caido. El que guarde. El que tendria que haber quemado.
La novela que se transformo en tragedia sin muertes.
Cayó abierto en la última página. La del final. La que no escribí.
Es esa novela que se escribió con restos de un amor eterno de la niña y su Principito.
De fantasmas, de sombras.
De nombres deambulantes que torturan el sueño para que la muerte sea lenta.
Páginas en blanco, sellando el enorme silencio. El ajeno.
Luces que esperan, clavadas en la orilla, el barco del olvido para escapar al mismo lugar de las fantasias, que arrastran consigo 6 años de infiernos.
Historias de encuentros. En los que nadie se vio. Nadie se encontró.

Y el final, que no se anima a llenar el espacio vacio.
Ese final tembloroso que contornea de puntas de pie, un cuerpo tirado sobre un montón de espejos rotos y un cocktail de pastillas...
Asfixiado por tanto olor a muerte.
A desolación inventada.
A espera.
A amor eterno ( terminado hace rato).
A corazón inundado de aguas de rio, ahora saladas y podridas...
A barcos vacios estancados...
Nunca tan lejos.
Nunca tan cerca.
Puertas cerradas para siempre y desde adentro.
Llaves tiradas en el pasillo quebradas por la mitad.
Arañazos en la pared. Montruos debajo de la cama.
Sueños ávidos a punto de saltar por la ventana.
Abandono de un cuerpo y su alma.
Suelo rebosado de hojas con palabras de auxilio.Un solo nombre retumba en el eco del silencio...
Una calle y un numero al que nadie puede llegar.
Una cama desgarrada por el vértigo.
Gama de grises en las paredes.
Una vieja promesa sin cumplir.
Voces que no dicen nada pero aturden
Estrellas azules destrozadas, caídas sobre el piso
Muerte cardíaca que arrasó con todo un universo perfecto.
Un comienzo en una noche de amor desenfrenado. Sin tacto.
Y un soplo en el aire, de esperanza que desespera.
Desolación de una muerte sin apuro y sin pausa. Grito mudo que no cesa.
Besos para nadie, congelados en la penumbra del techo agonizando.
Corazón cerrado para siempre.
Un cuento dulce e infantil lleno de terror para que los ojos no se cierren más.
Para que el libro no se cierre nunca.
Para seguir en un camino directo a un inconcluso desenlace.
Desenlace sin punto final.
Final con caída libre a la eterna y continua resignación.

jueves, 25 de febrero de 2010

ELLA

Mira el bolígrafo en su mano y aprieta los labios derrocha lágrimas entre el tiempo que cubren las pestañas y vuelve a sonreír, abre las puertas parpadea siente ese “volver atrás” en un sentido propiamente descriptivo. Y mira otra vez.
Camina entre las hojas que la despiertan del insomnio se aleja de las voces que la mantienen dormida. Y responde. Comprende aturdida el silencio que entienden las palabras y ahoga miedos, supera los recuerdos vacíos recuerda nombres propios olvidados olvida significantes se desespera camina confundida dice no caminar toma sin entenderlo dice no tomar, sube los precipicios cae al cielo baja las escaleras y olvida que sabe recordarlo todo recuerda que no es triste cuando es alegre recuerda los payasos llora exagerada, imita alegorías y alegrías también, se enamora descarada enamora con palabras. Dice no saber. Parece ingenuamente inocente parece inteligente. Dice no poder. Piensa ilimitada dice no poder pensar adentro, sale de todos lados entra sola cuando quiere busca amigos pierde todo (quiere demasiado). Piensa en olvidar piensa que puede hacerlo sabe que sólo el olvido es imposible sabe que no puede dejar de pensar sabe que el silencio no está permitido. Busca más palabras pide voces busca lugares encuentra menos cada día.
Y se esconde.

Solange Barroso

miércoles, 24 de febrero de 2010

Los super héroes también lloran

Si Ud. pensó que solo los humanos tenían emociones negativas tales como miedo, angustia, baja autoestima y otras… bueno, tenemos una buena noticia para Ud.: estos inconvenientes no son privativos de los humanos. Así es, luego de una investigación exhaustiva hemos concluido en que metahumanos, homo superiores, enmascarados, vigilantes o aventureros de todo tipo (superhéroes para los neófitos) también sufren de estos males. A continuación tomaremos algunos casos para ilustrar esta afirmación, que consideramos serían carne de diván de primera calidad.

Comenzaremos con su amigo y vecino el Hombre Araña, también conocido como Ttrepamuros o Spidey. Su alter ego, Peter Parker, es un tímido estudiante de secundario con la autoestima más baja que un sótano incapaz de hacer frente al más simple desafío escolar… y que sin embargo al calzarse las calzas mallas azules y rojas que tan bien le sientan se transforma en un paladín de la justicia, seguro de sí mismo y de sus poderes arácnidos.

Otro caso interesante es el de Superman, el denominado Hombre de Acero. En este caso el susodicho se oculta bajo la personalidad de un reportero de diario bastante pusilánime, Clark Kent. Con sus anteojos gruesos y su torpeza generalizada, nada hace pensar que debajo de esa prolija camisa con moñito mariposa se oculta un boy scout siempre listo para servir a la humanidad, para lo que guste mandar.

Y no podemos dejar de mencionar a Batman, que si bien no tiene los poderes sobrenaturales de los dos personajes mencionados anteriormente, sí tiene una fortuna que le permite suplir con creces esta debilidad, por llamarla de alguna forma. Tal es así que Bruno Díaz, la verdadera personalidad tras el murciélago enmascarado, es un rico tipo que gracias a sus accesorios mecánicos de amplio espectro puede hasta volar. En efecto, su compañía ha desarrollado el batimóvil, la batilancha, la batimoto y cualquier otro batidispositivo que se le pueda ocurrir al lector y que sea posible de ocultar en su respectiva baticueva. Pero el hombre murciélago tiene un pasado oscuro y traumático con eventos trágicos como la muerte de sus padres de la cuales fue testigo ocular y que lo persigue día y noche sin respiro hasta su lúgubre mansión. Estos hechos lo han vuelto facho, paranoico y obsesivo a tal punto que todas sus pertenencias están debidamente identificadas con el bendito batiprefijo.

Y como últimos ejemplos de esta interminable nómina que puede estirarse en incontables casos de loquitos sueltos no podemos dejar de mencionar al alcohólico Ironman, el iracundo e incontrolable Hulk, el workahólico Capitán America, el hiperactivo Flash, y hasta el ignoto sexópata StarFox, y que no encuentran nada mejor que hacer con su vida que meterse en problemas para ayudar al prójimo sin esperar nada a cambio.

Sin embargo, todos estos superhéroes se transforman en simples tipos tan susceptibles de sufrir complejos de personalidad como cualquier hijo de vecino, y que con un poco de terapia y tal vez algo de medicación podrían solucionarse.

Imagínese Ud. como sería el consultorio de un analista que atienda tales pacientes y los inconvenientes y cuestionamientos adicionales que este trabajo le suscitaría. ¿Los pacientes irían con su personalidad de superhéroe o con la de su alter ego? ¿Aparte de mantener la privacidad de sus pacientes, debería también mantener en secreto su identidad? ¿Se imagina Ud. al Hombre Araña cruzándose en el ascensor del edificio con Batman recién bajado del batimóvil que dejó en el estacionamiento de la esquina? ¿Y que tal si fueran encontrados infraganti por los paparazzi, dónde quedaría su reputación de protectores de la humanidad? ¿Los medicamentos tradicionales harían el mismo efecto en individuos con poderes especiales o habría interacciones indeseables entre ellos, tales como la pérdida permanente de sus superpoderes?

Dejamos estos y otros interrogantes a consideración del lector para que saque sus propias conclusiones, y entienda que a pesar de nuestros angustiantes inconvenientes terrenales, tal vez sea mejor no enfrentarnos con verdaderos superproblemas.

María Celia Costanzo

A Contramano... por Malena

No sé si es una virtud o un defecto, pero desde que tengo uso de razón voy a contramano por la vida. Lo que no me queda claro es: si cuando yo voy todos vuelven, o cuando yo vuelvo todos van....Bueno, es un detalle menor y me ha costado unos cuantos años de terapia. A partir de hoy esta columna se llamará: “A Contramano”, si alguno se apiola, fíjese, que es un buen dato referente a mi perfil, además ¿quién no se ha metido alguna vez en una avenida mano única a contramano? o tal vez entrar de golpe, doblando la esquina, a un “corso a contramano”!

Hoy mi comentario será sobre un tema infame: La trata de personas, un negocio millonario en nuestro país, que involucra el secuestro, el engaño y la violencia. Las víctimas suelen ser reclutadas a través de engañosas promesas de trabajo, y los elementos principales son: la captación, el traslado, finalidad de la explotación que casi siempre es sexual o laboral, y se los retiene mediante amenazas, violencia y coacción.

La ley 25.632 dice que la persona que mediante amenazas, engaños o violencia es obligada a hacer algo en contra de su voluntad, es víctima de un delito y como tal es penado por dicha ley.

A La trata de personas se la conoce hoy en día como la “esclavitud del siglo XXI”, lamentablemente esto se debe al bajo nivel cultural de la población y contextos de pobreza extrema. En realidad los que deberían preocuparse y ocuparse no lo hacen con determinación, parece no ser una prioridad para ellos, tampoco la asistencia a las víctimas, no me caben dudas que es porque no les aporta votos a su campaña sobre todo cuando las víctimas son los niños y adolescentes.

Viví de pequeña en un pueblito de la provincia de Buenos Aires, mi casa era de material, pero las de mis vecinitos (3 nenas y un varoncito) era de chapa con piso de tierra, el padre no tenía trabajo, estaba siempre sospechosamente dormido y la madre hacía trabajos domésticos que poco le duraban. Cotidianamente mi madre, con cara de resignación, me veía entrar con esos chicos de la mano a la hora del almuerzo, me dolía el alma verlos con la carita roja de frío y la pancita vacía vagando por las calles. Con el tiempo no mudamos a la ciudad y seguí recordándolos, cuando cumplí 15 años volví al pueblo, los busqué inútilmente, preguntando a los vecinos me enteré que a las chicas que tenían casi mi misma edad, se las había llevado un “tío que las vino a buscar en un auto nuevo”, y al varoncito que ya era todo un muchacho, lo habían matado un tiempo antes en un hecho confuso. Lloré todo el viaje de regreso, y supe a esa edad (donde lo único que importa son las pilchas y las salidas) que combatir la pobreza es responsabilidad de todos. Debemos actuar y no callarnos. Y también aprendí que casi siempre lo siniestro va de la mano de la pobreza porque “la necesidad tiene cara de hereje”

En el siglo XVII , bajo el término “negrero” quedaba definida la profesión de una persona dedicada a la trata de negros, porque estaban en contacto con ellos, mientras que a los reyes, gobernadores, etcétera, que regulaban ajustaban y otorgaban los contratos no fueron incluidos en un tráfico negrero.

Que llamativo verdad? Que ahora que estamos en el siglo XXI, tantas cosas evolucionaron a pasos agigantados, tanta tecnología y dominar los cielos, pero La trata de personas, esta nueva forma de esclavitud que implica convertir al ser humano en una simple mercancía, eso no ha evolucionado, para ser sinceros lejos de tratarse de una lacra social en retirada, tiene una presencia cada vez más amenazante.



Malena.



Para más información: www.youtube.com – “trata de personas”

Cuento de Claudio Zamorano

Cuenta Nueva



“¿Entonces, cuanto? ¿Un día? ¿Una semana? ¿Un mes? ¿Un año?”

El extraño preguntaba ansioso mientras caminaba al lado de Juan. Cuando se presentó, se describió a si mismo como un “dios”, “abstracto”, “genio” o algo así. Juan no recordaba bien el término que usó. Ni le importaba mucho. A el le parecía mas bien que era el diablo. Era la clásica situación y comportamiento para Satanás: Aparecer en el momento justo, con una oferta demasiado tentadora. Tampoco le importó que fuera el ángel caído el que caminaba a su lado. No estaba de humor para esos detalles.

No es que haya estado pasando por un momento bastante duro. La verdad, las cosas iban muy bien últimamente. Un balance más que positivo con respecto a otras épocas. Pero ese día estaba cansado, después de algunos golpes bajos, así que desalentarse fue tan fácil como revisar los bolsillos y encontrarlos vacíos.

Y entonces apareció.

De la nada, de pronto estuvo a su lado. Sin presentarse, comenzó a hablarle mientras Juan escuchaba una descripción bastante deprimente de su situación. Le explico sin muchas vueltas que le podía ofrecer resolver sus problemas en un abrir y cerrar de ojos. Bah, en realidad no los resolvía: le ofrecía deshacer lo hecho, con una nueva oportunidad, de corregir o esquivar errores. Si Juan se lo permitía, podía volver el tiempo atrás, hasta donde quisiera. Una nueva oportunidad de hacer las cosas.

Obviamente Juan no le creyó. Desde que empezó a hablarle, lo único que estaba dispuesto a creerle era que iba a pedirle limosna, o comprar porro. La criatura (porque llamarlo algo que se entienda como humano sería bastante errado) sonrió, como esperando esa incredulidad, y miró lo que Juan llevaba en sus manos. Entonces levantó la vista directo a sus ojos, sin borrar la sonrisa de quien estuvo esperando la oportunidad de hacer lo único que saber hacer bien, y todo se puso mal…

Cuando la criatura se le acercó a hablarle, Juan estaba bajando del anden de la estación, no mucho después de las seis de la tarde. Iba al videoclub con la película que tendría que haber devuelto hace dos días. Pero de repente era de noche. El sol ya no estaba, y la luna brillaba en el cielo oscuro. Sentía un extraño mareo, la vista algo nublada, y el aire le parecía viciado. Era una sensación parecida a estar encerrado en un cuarto con la calefacción encendida. Sumado a un molesto zumbido en los oídos. A pesar de eso, podía distinguir el videoclub justo delante suyo. La criatura paso rápido junto a Juan, sacándole la película de la mano, y poniéndola en el buzón de devoluciones con un gesto burlón. “Listo, justo a tiempo”.

Y entonces, de vuelta de día. Juan se sintió aliviado, como si por fin lo dejaran respirar el aire ahora puro, o tan puro como se puede respirar en esta ciudad. Y aunque sentía que había sido un sueño, sabía que esa noche de unos minutos había sido real. La ausencia de la película atrasada podía considerarse prueba de eso. Y también cuando revisó el teléfono, y vio que entre las llamadas recibidas ya no estaba la que le había recordado el retraso en devolverla. Y la criatura estaba frente a él, a la misma distancia que había quedado cuando se adelantó a poner la película en el buzón.

Le explicó que la película ahora estaba devuelta desde anteanoche. Que ya podía creerle. Que podía borrar tanto de su vida reciente como quisiera. Podía devolverlo un día atrás, borrando las consecuencias y abriendo la puerta a tomar otros caminos. No cometer algún error, evitar algún problema, o revivir un momento placentero destinado a suceder. Podía hacer lo mismo borrando el último mes, incluso el ultimo año. O más. Tanto tiempo como quisiera podía deshacerse, y ponerlo por delante.

“¿Entonces, cuanto? ¿Un día? ¿Una semana? ¿Un mes? ¿Un año?” Y le tiró una mirada penetrante, que sugería el “¿O más?”

Y Juan empezó a pensar. Podía deshacer ese ultimo día, y evitar esa discusión con su chica que tanto le estaba molestando. O volver al último domingo a la mañana, cuando se despidieron luego de pasar la noche. Era desde entonces que se sentía inquieto, extrañándola, luego algunas discusiones con un amigo, noches sin poder descansar bien... y luego alguna palabra de más, o elección molesta que llevo a la ultima discusión. Podía deshacer el último mes, que había comenzado muy bien, y revivirlo mientras esperaba no repetir sus errores. O tomar un camino completamente distinto, y evitarse tanto la felicidad como la inevitable tristeza que llega de vez en cuando. Para eso, podía evitar todo ese año, un buen año debido a su esfuerzo, que podría vivir sin esas satisfacciones, pero, claro, de forma más despreocupada y cómoda.

El año anterior no había valido la pena… Nuevos amigos que duraron poco, y no mucho más… Bien podía borrarlo también. Del otro año apenas recordaba algo, así que, podía aprovechar y agregarlo al “paquete”.

Y llegó a recordar el año anterior a ese. Ese año había muerto su madre. Sufrió mucho después de eso, y se asustó ahora al ilusionarse con anticiparse a ese evento. ¿Podía evitarlo? Quien sabe… al menos pensó que si retrocedía lo suficiente podría disfrutar cada momento con ella. Entonces la idea cambió a volver atrás todo lo posible, lo cual fue fácil. Cada vez que retrocedía mentalmente, se encontraba con algún acontecimiento que le provocaba sufrimiento: accidentes, peleas, mascotas muertas, una mujer que lo había lastimado, otra a la que nunca le dijo que la quería.

Mientras Juan recordaba, la criatura a su lado lo observaba, y de alguna manera, sabía y era testigo de los recuerdos que pasaban por su mente. Y de alguna manera también, Juan lo sabía. Cada puñado de recuerdos que Juan revisaba retrocediendo, sabía que lo compartía con la criatura, como mostrándole en que lugar en un mapa o libro estaba señalando.

Con el repaso de sufrimiento y decepciones, de pronto Juan se dio cuenta de cual era el momento indicado, y la criatura sonrió satisfecha con la elección. Pasaron unos largos segundos, en los que intercambiaron las miradas que sellaron el acuerdo, y luego Juan se encontró en el momento en el que tomó la decisión que habría cambiado todo.

Juan ahora tenía 17 años, y estaba sentado en el andén de la estación de tren de la que bajaba (o iba a bajar dentro de 15 años, mejor dicho) cuando se encontró con la criatura. Ahora estaba solo, como había sido originalmente, de noche, sentado en un banco. Todo era igual a entonces: su ropa y pelo, viejos negocios desaparecidos, la música en la radio. Hasta sentía el leve dolor en el tobillo izquierdo que le quedó de esa lesión el verano anterior.

Juan estaba solo a la noche en el andén, a los 17 años, y ahora podía evitar todo el sufrimiento y dolor que le esperaba, con solo tomar la decisión que no había tomado entonces. Cuando las luces del tren se acercaron a la estación, Juan se arrojó a las vías.

Claudio Zamorano

Rayos- Alfombras & Metáforas (revista del taller de escritura de Julio recloux)

Ulises y las sirenas

Homero narró con maestría las aventuras que Ulises vivió después de Troya. Una de las famosas pruebas fue la de la Isla de las Sirenas. Los navegantes que pasaban por allí eran seducidos con la belleza de un canto venenoso, que los dejaba en un estado maravilloso e irreal, una especie de limbo, impidiéndoles continuar con su viaje. Nuestro héroe, atado al mástil de su barcaza, las venció. O creyó haberlas vencido.
Kafka sostiene que en realidad las sirenas nunca cantaron, que el aqueo cayó en un ardid más ingenioso que el suyo. Ulises salió de la isla fortalecido en su amor propio que es, lo que los cantos lisonjeros producen a los que pasan por allí. Lo que, en definitiva, le impide al hombre llegar a su Destino.
Pese a los años, la vejez y el dolor del viaje, el aventurero arribó a Itaca, habiendo padecido esta ineludible prueba interna que no todos logran sortear. Pero, ¿cómo habrá operado esta transformación interna de la que Homero no da cuenta? ¿Quién habrá sido ese anciano que rescató a Penélope de los malvados pretendientes, que se hacía llamar Ulises, y creía haber salido indemne de las Sirenas?

Pablo Muñoz

Rayos- Alfombras & Metáforas (revista del taller de escritura de Julio recloux)

Odisea de mil y una noches

La Odisea es el canto a la perseverancia e inteligencia humanas. Éste maravilloso poema, quizás de lectura más rápida y fácil que la Ilíada, refleja la vuelta de Odiseo, rey de Ítaca, a su tierra natal.
Contrariamente a lo que se afirma, este poema no es una epopeya, sino una crónica de viaje. Hay notorias similitudes con el cuento de las Mil y una Noches, Simbad el Marino.
En la Odisea notamos la interacción entre rey y clase baja, es decir, entre Odiseo y sus compañeros, cosa que no sucedía en la Ilíada. Podríamos inferir siguiendo una línea histórica que quizás en la época de difusión de la odisea se hayan regulado las relaciones entre la aristocracia y la plebe.
La virtud de Odiseo es su inteligencia; esto quedará demostrado en torno a los 24 cantos de la obra, que, para no perder la costumbre, seguirán un orden anacrónico.
Un marcado racionalismo que lo llevará incluso a subestimar a un dios, Poseidón, quien determinará obstarle el camino de regreso a su patria.

¿Por qué este libro?
Me remito a un episodio proveniente de mi adolescencia: recuerdo que estábamos mi familia y yo en Santa Teresita, hospedados en un hotel cuyo nombre no recuerdo, y debido al tormentoso día que nos había tocado en aquel febrero, decidimos quedarnos en nuestra habitación mirando la tele. Mi mamá y mi hermana, ante la ausencia de programas entretenidos, salieron a caminar por el centro; mi padre y yo nos quedamos buscando alguna película que despertara nuestro interés. De pronto, enganchamos la película Ulysses con la protagonización de Kirk Douglas en el famoso (por aquel entonces, no tanto para mí) enfrentamiento con Polifemo, el cíclope, hijo de Poseidón.
La situación era fantástica, paso a relatarla: el cíclope llega a su antro topándose con Ulises y sus compañeros; inmediatamente, sin percibirlos, cierra la entrada de la gruta con una gran roca. Ulises exhorta al cíclope para que cumpla con las divinas reglas del hospedaje, advirtiendo al cíclope del castigo del gran Zeus. Polifemo entiende una amenaza por parte de esos pigmeos y decide devorarlos de a dos por un período que el mismo fija.
Ahí la situación se torna sumamente interesante, uno no puede dejar de preguntarse ¿Cómo saldrá de esto? Lamentablemente, la película constaba de episodios, por lo que no logramos saber el desenlace de esa penosa situación…Me invadió la bronca, blasfeme a la televisión, y tomé la resolución de salir a caminar por el centro, donde encontré a mi madre y, contándole lo sucedido, me recomendó la lectura de la Odisea.
En ese entonces, los libros eran muy económicos, sobre todo los clásicos, por lo que no me costó mucho…Pensaba que por tratarse de obras de tiempos pretéritos y que revestían una relevancia no menor en la historia de la literatura, debía contar con un dinero del que carecía, pero, para mi sorpresa, la conseguí y la devoré con avidez desde el principio al fin…Da capo tutto como se dice en la ópera.
Tener la oportunidad de contar con esa magna obra me llena de orgullo ya que denota sentimientos humanos de una manera prolífica. Los personajes no son meros arquetipos literarios, sino que realmente humanos.
Penélope, la esposa de Odiseo, es la corporización de la fidelidad, la bondad y la esperanza. Asediada por codiciosos pretendientes derrochadores de sus bienes, la fiel esposa mantiene la esperanza de la llegada del héroe, no sólo para salvarla sino también para estar cerca de su amado.
Los banquetes y las hecatombes, tan bien plasmadas y descriptas, realzan la importancia casi ritualista del pueblo griego.
La presencia de los conjuros y las brujas agregan un tinte fantástico al poema.
Si alguna vez me preguntaran cuál es el deleite de esta obra, agregaría: esta magnífica, remota, e inmortal obra permite, mediante sus bellos cantos, al lector viajar junto con los personajes y vivir sus aventuras. Visitar regiones inhóspitas, enfrentarse con mil y un obstáculos y superarlos, porque eso constituye el sentido de la vida: poder enfrentarnos a los escollos que nos ofrece la obra y salir airosos, no desistir de nuestros propósitos, sino más bien llevarlos a cabo.

Claudio Cuellar

Simbólica de la mariposa


El lenguaje de los símbolos: la mariposa

El ser humano es un animal simbólico, esto es, produce y adopta símbolos que le permiten comunicarse tanto con otros como consigo mismo. En tiempos muy remotos existió el tótem. Este se le revelaba a uno en una visión en el curso del pasaje de la niñez a la adolescencia. Podía ser un animal o una planta pero lo fundamental eran su carácter de protección y guía, a semejanza de un antepasado, y que establecía con uno un lazo de parentesco, con todos los derechos y los deberes que esto implicaba. Su imagen podía grabarse con un tatuaje en el cuerpo o pintarse sobre la ropa o los objetos personales en forma de un retrato o de un colgante y le eran atribuidos poderes mágicos. Curiosamente, en la actualidad, esta práctica no ha desaparecido pero se ha modificado. También hoy nos hacemos tatuajes o compramos un talismán o una remera que porta una imagen de un águila o un jugador de fútbol o una estrella de rock. Lo que tienen en común estas costumbres modernas y las del pasado es que son prácticas que permiten la identificación entre ese objeto simbólico y su poseedor. El objetivo de esta identificación sigue siendo el mismo y podemos distinguir en el un doble sentido: por un lado, apropiarse de las virtudes del ser-objeto que se intenta asimilar y por otro, inmunizarse contra sus posibilidades negativas.
En el caso de la mariposa, por su gracia y ligereza puede ser un emblema de la mujer. Otro aspecto de su simbolismo esta fundado en su metamorfosis: la crisálida es el huevo que contiene la potencialidad del ser; la mariposa que sale es un símbolo de su resurrección. También es si se prefiere la salida de la tumba. No es casual que en la mitología griega a Psique (el alma) se la represente con alas de mariposa. En la simbólica cristiana la mariposa es el alma desembarazada de su envoltura carnal. En ciertos mitos africanos el hombre sigue de la vida a la muerte el ciclo de la mariposa: en su infancia es una pequeña oruga, y una gran oruga en su madurez; se convierte en crisálida en la vejez; su tumba es el capullo de donde sale su alma que vuela como la mariposa. También el psicoanálisis ve en ella, por último, un símbolo de anhelo de renacimiento.

Julio C. Recloux