Bienvenido a la revista del taller de escritura creativa de Julio Recloux!!!

Encontrarás entrevistas, artículos de opinión, cuentos, poemas y recomendaciones de libros y películas que escribimos en nuestro taller. Es nuestro deseo que en estás páginas pueda haber para vos una influencia positiva y que algo de lo que leas aquí alcance a iluminarte para que te des cuenta de que los sueños pueden hacerse realidad.

miércoles, 21 de julio de 2010

Los poetas y la Tradición



Cuentan que existió hace siglos en Asia Menor una cofradía de poetas que recopilaba canciones y leyendas que transmitía oralmente de generación en generación. Parte de su legado son, por ejemplo, entre otras tantas, las historias de las Mil y Una Noches. Pero se sabe que, incluso, el más antiguo y misterioso de los poemas, el de Gilgamesh, llegó hasta nosotros casi sin alteraciones, gracias al trabajo de está antigua tradición literaria.
En todo el mundo y en todos los centros de cultura, a lo largo del tiempo, han existido este tipo de escuelas literarias que han puesto su talento y su inspiración al servicio de altos ideales, con el anhelo de sembrar una influencia positiva en el mundo, capaz de iluminar no sólo a los hombres de su tiempo, sino también a los de futuras generaciones.
Desde los primeros narradores de la Europa paleolítica, que contaban historias alrededor del fuego, pasando por los aedos en Grecia; y los juglares de la Europa medieval o los relatos de poder de los chamanes del México antiguo, hasta los movimientos vanguardistas del siglo XX, han existido estas asociaciones literarias y creemos que siempre existirán porque no sólo de pan vive el hombre y siempre necesitará escritores hacedores de ficciones que le cuenten sus historias.
La palabra poeta es de origen griego y viene de uate que significa el que ve, de donde a su vez, deviene vate y vaticinio. Este detalle en relación a la etimología del término nos da una idea más profunda acerca de lo que significa ser poeta, y de la función; que desde un comienzo, ha tenido la literatura en el universo simbólico del hombre.
Pero tal vez sea bueno aclarar que si bien el poeta puede en el cenit de su arte acceder a verdaderas visiones, tal como les sucede a los reformadores sociales o a los creadores de religiones, este lo hace tan sólo como artista, es decir, sin la más mínima pretensión de acceder a ninguna verdad revelada.
El arte, a diferencia de la ciencia y la religión o la política, no busca ni pretende en absoluto la verdad, sino tan sólo la belleza. Lo cual no significa que para él, la suya no sea en definitiva también una experiencia numinosa, que de hecho, transformará su visión del mundo. Y esto es así por el hecho de que tanto unos como otros, al inspirarse, beben de la misma fuente.
No obstante, no se debe perder de vista que cuando hablamos de arte no lo hacemos en el sentido de una esfera de actividad exclusiva de ninguna elite, sino por el contrario, en el de una verdadera experiencia espiritual que debería ser un derecho de todo hombre. Todo ser humano, por el sólo hecho de serlo, está capacitado tanto para apreciar como para producir hechos artísticos.

domingo, 4 de julio de 2010

Mundo subterraneo



A unos cuantos metros, bajo el asfalto, donde sólo se oye el abrir y cerrar de puertas automático, la alarma ensordecedora que hace a la gente enloquecer y apurarse más de la cuenta. ¿Para qué apurarse? ¿Acaso es tan grave retrasarse unos minutos?
Se abren las puertas, sale una gran manada de gente; entra otra, se cierran las puertas. Me acomodo en el poco espacio que hay entre el gentío, o por lo menos eso intento. Respiro el escaso oxigeno que queda y comienzo a pensar…
Miro a mí alrededor, los rostros de las personas entristecidos, como si fueran a alguna otra parte, sus caras dicen muy poco y tanto a la vez.
Encuentro un hueco. Logro sentarme en el último vagón.
Aqueronte, Cocito, Flegetonte, Lete y Estigia, faltan cinco estaciones, pensé.
Se abren las puertas, sale otra vez el tumulto de gente que me arrastra, entran otros, se cierran las puertas y rápidamente desaparece la formación. Una brusca ráfaga de viento se lleva todo. Me quedo solo (¿realmente solo?). Doy media vuelta, frente a mí, un hombre con un perro bastante peculiar. Sin decir siquiera una palabra, tan sólo con su mirada, me transmite terror, angustia, pánico.
No creo en los mitos, pero no sé cómo, ni por qué, al ver el uniforme de este hombre, vestido como un maquinista, observo la identificación con su nombre: Sr. Hades.
¿Podría ser cierto? ¿El dios de los muertos frente a mí?
Hablamos durante un largo tiempo, luego le pregunté, temeroso, sin esperar una respuesta concreta:
- ¿Quién sos?
- ¿Es que no ves mi uniforme? –dijo.
- Oh claro, es que…
- ¿Dudás? –preguntó.
- A decir verdad, si. No comprendo, aquí, vestido de maquinista…
- ¿Cómo esperabas que vista? ¡Soy el conductor de este viaje!
Observo las caras de las personas en la plataforma, veo rostros conocidos, Aquiles, Eurídice, Perséfone, Caronte. De pronto todo se pone gris, sombrío, monótono. La niebla me empaña la vista, escucho gente gritar, enloquecida; doctores, policías, obreros.
Un nuevo viaje comienza, el que me condena de por vida a recorrer estas vías.