Bienvenido a la revista del taller de escritura creativa de Julio Recloux!!!

Encontrarás entrevistas, artículos de opinión, cuentos, poemas y recomendaciones de libros y películas que escribimos en nuestro taller. Es nuestro deseo que en estás páginas pueda haber para vos una influencia positiva y que algo de lo que leas aquí alcance a iluminarte para que te des cuenta de que los sueños pueden hacerse realidad.

domingo, 4 de julio de 2010

Mundo subterraneo



A unos cuantos metros, bajo el asfalto, donde sólo se oye el abrir y cerrar de puertas automático, la alarma ensordecedora que hace a la gente enloquecer y apurarse más de la cuenta. ¿Para qué apurarse? ¿Acaso es tan grave retrasarse unos minutos?
Se abren las puertas, sale una gran manada de gente; entra otra, se cierran las puertas. Me acomodo en el poco espacio que hay entre el gentío, o por lo menos eso intento. Respiro el escaso oxigeno que queda y comienzo a pensar…
Miro a mí alrededor, los rostros de las personas entristecidos, como si fueran a alguna otra parte, sus caras dicen muy poco y tanto a la vez.
Encuentro un hueco. Logro sentarme en el último vagón.
Aqueronte, Cocito, Flegetonte, Lete y Estigia, faltan cinco estaciones, pensé.
Se abren las puertas, sale otra vez el tumulto de gente que me arrastra, entran otros, se cierran las puertas y rápidamente desaparece la formación. Una brusca ráfaga de viento se lleva todo. Me quedo solo (¿realmente solo?). Doy media vuelta, frente a mí, un hombre con un perro bastante peculiar. Sin decir siquiera una palabra, tan sólo con su mirada, me transmite terror, angustia, pánico.
No creo en los mitos, pero no sé cómo, ni por qué, al ver el uniforme de este hombre, vestido como un maquinista, observo la identificación con su nombre: Sr. Hades.
¿Podría ser cierto? ¿El dios de los muertos frente a mí?
Hablamos durante un largo tiempo, luego le pregunté, temeroso, sin esperar una respuesta concreta:
- ¿Quién sos?
- ¿Es que no ves mi uniforme? –dijo.
- Oh claro, es que…
- ¿Dudás? –preguntó.
- A decir verdad, si. No comprendo, aquí, vestido de maquinista…
- ¿Cómo esperabas que vista? ¡Soy el conductor de este viaje!
Observo las caras de las personas en la plataforma, veo rostros conocidos, Aquiles, Eurídice, Perséfone, Caronte. De pronto todo se pone gris, sombrío, monótono. La niebla me empaña la vista, escucho gente gritar, enloquecida; doctores, policías, obreros.
Un nuevo viaje comienza, el que me condena de por vida a recorrer estas vías.

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